El nombre que acababan de pronunciar —su nombre— se sentía casi igual que una amenaza.
Esos sujetos estaban allí por ella.
No había duda.
La estaban buscando.
Y mientras la recepcionista tecleaba en su computador para dar respuesta a aquellos individuos, ella se puso de pie, intentando no parecer apresurada ni dejar ver cuánto le temblaban las piernas.
Se ajustó la capucha sobre la cabeza y caminó en dirección opuesta a la de ellos, pero uno de los hombres levantó la vista en el momento exa