De pie frente al salón de pruebas, observó los nuevos modelos de armas que estaban sobre la mesa de exhibición. Se trataba de cuatro prototipos distintos. Más estilizados, con acabados mate, listos para comercializar.
—Este modelo pesa 320 gramos menos que el anterior, señor Dietrich. Usamos una aleación de aluminio y carbono que mantiene la resistencia pero reduce la carga —explicaba uno de los ingenieros, mientras le mostraba la nueva pistola.
Sus dedos se deslizaron por el cuerpo del arma, mientras su mente se encontraba lejos de ese lugar.
Rubí.
Su Rubí.
Recordó el momento exacto en el que su esposa sostuvo la pistola entre sus manos temblorosas, la manera en la que sus ojos se llenaron de lágrimas al momento de disparar.
Y de forma absurda, pensó que este nuevo modelo sería más cómodo para ella.
—Una buena arma debería adaptarse a quien la sostiene —murmuró, con la imagen de la pequeña mujer en su cabeza. Sin duda mandaría hacer un grabado con el nombre de Rubí en el arma p