No fue inmediato.
El campus no cambió al día siguiente, ni la semana siguiente. De hecho, si alguien lo hubiera observado sin contexto, probablemente no habría notado nada distinto. Las conversaciones seguían ocurriendo en los mismos lugares, con la misma cadencia contenida, con esa precisión casi orgánica que ya no parecía ensayada.
Pero algo empezó a tensarse.
No en la superficie.
Debajo.
Al principio fue difícil de identificar. No había rupturas evidentes, ni discusiones más intensas, ni señ