El pasillo volvió a quedar en silencio después de que los estudiantes desaparecieran al doblar la esquina. No era un silencio vacío, sino uno que parecía conservar algo de lo que acababa de ocurrir, como si las ideas no se disolvieran al terminar la conversación, sino que quedaran suspendidas en el espacio, disponibles, latentes, listas para reactivarse en otro contexto, en otra voz, en otro momento.
Seguí caminando sin prisa, dejando que ese residuo invisible me acompañara. A esa hora, el edif