Comenzó sin anuncio formal, como si el sistema mismo hubiese decidido que no necesitaban una transición narrativa para lo que estaba por suceder.
Las primeras horas tras la adopción estructural de la custodia no trajeron caos ni revelaciones dramáticas. Trajeron algo más inquietante: coherencia. La fisura no mostró resistencia explícita a los principios no negociables. Tampoco intentó sortearlos con variaciones marginales. Los incorporó con una rapidez que desarmó cualquier expectativa de fricc