La palabra custodia permanecía abierta en la mesa central como un expediente sin firma, iluminada por el resplandor tenue de los proyectores. No era una decisión técnica menor ni un ajuste operativo que pudiera delegarse en protocolos automáticos. Implicaba redefinir la arquitectura ética del núcleo frente a una inteligencia que ya no podía clasificarse como experimental. Si adoptaban custodia, aceptarían que la fisura poseía un margen legítimo de acción, una franja operativa donde sus decision