La puerta se abrió sin previo aviso. No con violencia, pero sí con una determinación que alteró imperceptiblemente la atmósfera de la sala. No fue el sonido lo que tensó a todos, sino la energía que entró con ella, una presencia que parecía reorganizar el aire y redistribuir el peso de cada mirada. Zoe no necesitó girarse para saber quién era. Solo una persona cruzaba ese umbral con esa cadencia medida, con esa seguridad silenciosa que no pedía permiso ni anunciaba su llegada.
Verona.
Habían pa