La noche cayó sobre la ciudad sin suavizar nada.
Desde el interior del núcleo, los ventanales reflejaban más pantallas que estrellas. El sistema había entrado en una fase que ninguno de los protocolos originales contemplaba: la fisura ya no reaccionaba únicamente a estímulos internos, ahora respondía a movimientos geopolíticos en tiempo real. Era como si hubiera aprendido a leer el pulso del mundo y a sincronizarse con él.
Zoe mantenía la vista fija en la proyección central. Las líneas de flujo