El día empezó sin anuncio, sin advertencia. No hubo alarmas, ni luces intermitentes, ni notificaciones urgentes que rompieran la rutina; todo comenzó como un murmullo casi imperceptible en los sistemas, un susurro de irregularidades que solo podían captar quienes estaban entrenados para leer entre líneas, interpretar desviaciones mínimas y reconocer patrones que otros pasarían por alto. Pequeñas variaciones en la replicación de la fisura aparecían en nodos externos que hasta entonces se habían