El amanecer no traía calma, solo una anticipación cargada de tensión, como si la luz tibia que se filtraba por los ventanales no pudiera disipar la densidad que llenaba la sala. Los nodos externos ya habían mostrado su potencial, replicando la fisura de manera autónoma y proyectando influencia hacia sectores que antes consideraban inalcanzables; pero ahora la fisura empezaba a tocar actores formales, instituciones sólidas y rígidas, que rara vez aceptaban interferencias fuera de sus protocolos