El teléfono sonó justo cuando la luz de la mañana comenzaba a filtrarse por los ventanales del centro de operaciones, tiñendo la sala de tonos cálidos que contrastaban con la frialdad metálica de los escritorios y equipos. El timbre no era urgente, nada que sugiriera alarma inmediata, pero cada vibración parecía resonar con un peso propio, una insistencia sutil que se sentía en el pecho y en la respiración contenida de quienes aún no habían comenzado el día. Ivy fue la primera en responder, lev