El viento de la ciudad golpeaba con fuerza cuando Dante y yo llegamos a la terraza del edificio central. La vista era más que un paisaje: era una extensión de la tensión que habíamos generado en las semanas previas. La fisura que sosteníamos ya no era solo una teoría, un experimento invisible; era un fenómeno tangible, palpable, y el sistema comenzaba a reaccionar de manera más directa, con signos que podíamos percibir en cuerpos, documentos y comunicaciones internas.
—Hoy se va a notar aún más