El sistema ya no podía ignorarlo. Lo que comenzó como silencios mínimos, frases interrumpidas y pausas estratégicas había escalado hasta convertirse en un fenómeno visible y medible: la fisura que Dante y yo sosteníamos estaba afectando decisiones, dinámicas internas y percepciones en todos los niveles. No era un cambio masivo, pero era suficiente para que el control ya no fuera absoluto, para que la narrativa dominante comenzara a tambalear, y para que nosotros nos viéramos de repente en el ce