Hubo un tiempo en que creí que el poder se manifestaba siempre con signos visibles. Creí que necesitaba imponerse con símbolos, con órdenes claras, con jerarquías reconocibles. Uniformes, sellos, firmas, voces elevadas. Creí que bastaba con identificar esos elementos para saber cuándo resistir. Ahora entiendo que esa fue una versión ingenua de la amenaza, casi cómoda en su brutalidad. Lo verdaderamente persistente nunca se anuncia. Se filtra.
El lenguaje fue el primer territorio conquistado y e