El poder rara vez vuelve con uniformes o símbolos visibles, casi nunca regresa gritando ni imponiéndose con la crudeza de otras épocas, y sin embargo siempre encuentra la forma de hacerse presente. Aprendí a reconocerlo no por su fuerza, sino por sus señales más sutiles, por la manera en que se filtra en el lenguaje cotidiano a través de palabras suaves, frases redondeadas y conceptos que suenan éticos, necesarios, incluso amables. El lenguaje fue siempre su mejor disfraz, la herramienta más ef