El aire nocturno era denso, casi líquido, pegajoso contra mi piel mientras corría por los techos y callejones de Roma. La ciudad dormía, o fingía hacerlo, mientras yo me movía con la certeza de que cada sombra podía ser un observador, cada silbido de viento podía ser una señal de peligro. Ethan estaba cerca. Lo sentía. Siempre lo había sentido. Su rastro digital, su marca en la red, incluso el eco de su presencia física, vibraba a través de mi implante como un recordatorio constante: no hay esp