ZOE
La noche cayó sobre Ginebra con una delicadeza que dolía. La ciudad se recogía en sus propios rituales de invierno: luces suaves filtrándose por las ventanas, copas de vino entre murmullos y pasos que resonaban sobre los adoquines como si alguien arrastrara los recuerdos por las calles. Yo volvía al apartamento con Ethan a mi lado, su mano rozando la mía como si quisiera recordarme que estaba ahí, que era real, que todo lo que había ocurrido en el restaurante había sido solo una interrupci