DANTE
La puerta se cerró tras de mí con ese sonido hueco que no se olvida, ese eco seco que no solo marca el final de una escena, sino el entierro de una esperanza. Caminé sin mirar atrás, no porque no quisiera, sino porque sabía que si giraba una sola vez, si me detenía un segundo más en ese umbral, iba a romperme, iba a caer de rodillas como un soldado que descubre que no hay patria a la que volver. Llevaba las manos en los bolsillos para que nadie notara el temblor, ese temblor que no era de