**LEONARDO**
El mediodía se levanta frente a mí como un recordatorio cruel. La ciudad sigue su curso, ajena al infierno que arde dentro de mí. Desde el balcón de la suite, observo cómo el sol intenta abrirse paso entre las nubes, pero ni siquiera él puede alumbrar del todo este día maldito. El aire es frío, pesado, casi hostil… como si también cargara el peso de lo que está por venir.
Cada respiración me duele. Los golpes todavía laten bajo mi piel, pero el verdadero dolor no está ahí. Está en