Encontrará un sacrificio.
**ÁNGEL MONTENEGRO**
El salón me recibe con la solemnidad de un templo abandonado. Las columnas altas, frías, se elevan como centinelas de piedra que custodian mis pecados. Las paredes, vestidas de terciopelo carmesí, devoran la luz y la devuelven en un resplandor enfermizo, mientras los candelabros chisporrotean con la terquedad de quienes saben que la oscuridad terminará por tragarlos.
Los retratos antiguos cuelgan como juicios silenciosos. Sus ojos pintados parecen seguirme, pero ninguno de