—¡Leonardo!
Algo dentro de mí me impulsa a seguirlo.
La multitud me envuelve, las voces se mezclan en un murmullo caótico, pero nada de eso me importa. Solo veo esa silueta que camina unos metros delante de mí.
—No puede ser él… él murió —susurro, apenas audiblemente.
El celular suena dentro de mi bolso, pero no contesto. No ahora.
El semáforo cambia y la gente se amontona en la esquina. La figura sigue avanzando con paso firme. Corro, esquivando personas, murmurando disculpas que se pierden en