El trayecto de regreso a casa fue una procesión de demonios que se negaban a callar. La sangre de James en mis nudillos, la rabia de su desafío y la certeza de que mi mundo se desmoronaba se mezclaban en un cóctel explosivo. Entré en la mansión como una tormenta, los pasos resonando contra el mármol con una violencia que hizo que el personal se apartara a mi paso.
Al llegar al salón, la furia seguía hirviendo bajo mi piel, un volcán a punto de estallar. Pero entonces, la vi. Charlotte estaba al