El aire en la mansión se sentía como si estuviera cargado de estática, una electricidad que anunciaba una tormenta que habíamos estado posponiendo durante demasiado tiempo. En el jardín, podía escuchar las risas distantes de la familia de James mientras jugaban con Emma. Era un sonido ajeno, una melodía de normalidad que contrastaba brutalmente con el infierno que ardía en el interior de Charlotte.
Ella estaba en el despacho, sola. Cuando entré, junto a James, la escena me detuvo en seco. Charl