La mañana en la mansión Vance comenzó con una energía inusual. Elara se preparaba para su último examen práctico del semestre, moviéndose por la habitación con una ligereza que no sentía desde hacía años. Mientras se miraba al espejo, no pudo evitar notar que el brillo en sus ojos ya no era solo de determinación, sino de una felicidad incipiente. El eco del "te amo" de Dante ya no era un ruido extraño; se había convertido en la banda sonora de sus días.
Dante entró en la habitación mientras