Los días siguientes al despertar de Alfonso transcurrieron en una calma extraña, casi irreal. La Mansión Vance, que antes parecía un laberinto de secretos y frialdad, se había transformado en un hogar en reconstrucción.
Alfonso pasaba gran parte de la tarde en la terraza de la unidad médica, tomando el sol y observando cómo Elara estudiaba. Pero su mirada se desviaba con frecuencia hacia Dante. El hombre, cumpliendo su palabra, visitaba a Alfonso cada tarde después de cerrar sus negocios. No