La Royal Opera House no era solo un teatro; era el epicentro de la validación social en Londres. Esa noche, el aire en Covent Garden estaba cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de la nuca de Elara se erizara. Cada destello de los flashes de los fotógrafos se sentía como una pequeña explosión de luz que buscaba exponer su mentira ante el mundo.
Alistair Cavendish caminaba a su lado con una elegancia que parecía heredada de siglos de linaje imperturbable. Su mano, apoya