La luz del amanecer no trajo consuelo a la mansión Vance; solo sirvió para exponer las grietas de una noche de pesadilla. Elara se mantenía sentada en el suelo de la alcoba, con la espalda apoyada contra la puerta cerrada. Sus dedos recorrían la seda de su bata como si fuera una lija. La imagen de la mujer en la cornisa —su propio rostro distorsionado por una malicia que ella no poseía— se repetía en su mente como una advertencia de muerte.
Cassia. Su nombre original. Su otra mitad. El monst