El jardín volvió a quedar en silencio tras la expulsión de Seraphina. Los niños se habían alejado hacia el estanque, bajo la vigilancia de Marcus, dejando a Dante y Elara en una soledad cargada de electricidad. Elara se cruzó de brazos, frotándolos como si tuviera frío a pesar del sol, y se giró hacia el hombre que seguía observándola con sus implacables ojos oscuros.
—Gracias por lo de hace un momento —dijo ella, con una voz que intentaba ser firme pero que traicionaba su cansancio—. Gracia