El eco de los pasos de Dante por el pasillo de mármol era el segundero de un reloj que marcaba la ejecución de la dignidad de Elara. Tras el encuentro en el sótano, donde ella había tenido que despedazar el corazón de Adrián para mantenerlo con vida, el silencio de la habitación principal se sentía como una losa de concreto. Elara estaba sentada frente al tocador, mirando el pequeño frasco de cristal que Camila —su gemela, su sombra, su perdición— le había dejado bajo la almohada. El líquido in