El aire en la biblioteca de la mansión era denso, cargado con el aroma de libros antiguos y el persistente rastro del café de la mañana. Elara cerró la carpeta médica de Eleonora y suspiró, sintiendo una pequeña victoria personal en medio del caos. Dante estaba de pie junto al ventanal, observando el jardín, con los hombros tensos y la mirada perdida en el horizonte.
—Dante —dijo ella en voz baja—. He terminado de revisar a tu madre. Los niveles de inflamación han bajado considerablemente. E