La mansión Vance, en ausencia de Elara, se sentía como un mecanismo de relojería perfectamente aceitado, pero desprovisto de su pulso vital. Dante siempre había amado el silencio, la soledad que le permitía procesar sus movimientos financieros y sus estrategias de poder. Sin embargo, esta noche, el silencio le resultaba abrasivo.
En la sala de estar, la televisión proyectaba una película animada sobre exploradores espaciales. Mateo estaba sentado en la alfombra, con la mandíbula caída mientr