El trayecto terminó en el patio de adoquines de la mansión, donde el motor del Rolls-Royce se apagó con un siseo casi imperceptible. Marcus abrió la puerta trasera con su eficiencia habitual. Los niños bajaron despacio, arrastrando las suelas de sus tenis contra la piedra pulida, con los hombros encogidos. Miraban el gran jardín de setos perfectamente recortados como quien visita un museo silencioso.
Dante los guió hacia la sala de estar principal. Sus propios zapatos de suela de cuero produ