El silencio en el piso ejecutivo se había vuelto denso, casi asfixiante, con el paso de las semanas. Dante Vance revisaba los informes financieros trimestrales en su pantalla de alta resolución, pero por tercera vez en la mañana, los gráficos de rendimiento y las proyecciones de inversión se emborronaron ante sus ojos. Su mirada, gobernada por un impulso que no lograba controlar, se desvió inevitablemente hacia el cajón inferior derecho de su escritorio.
Allí, resguardado bajo llave, reposab