El sol de la mañana se filtraba entre los edificios del distrito médico, proyectando líneas angulosas sobre el pavimento limpio. Elara detuvo su automóvil frente a la dirección que le había indicado la agencia de bienes raíces. Llevaba una carpeta de cuero bajo el brazo, su tableta y la firme determinación de no mirar atrás. Vestía un traje de sastre en tono azul marino que acentuaba su postura profesional; la doctora Elara no iba a permitir que el colapso de su matrimonio interfiriera con la v