La casa estaba inmersa en un silencio inquietante, roto únicamente por el suave crujir del viento contra las hojas. Aurora permanecía sentada en el sofá del despacho, Max a sus pies, mientras Alexander revisaba las cámaras de seguridad una vez más. Su mirada seria buscaba cualquier movimiento que pudiera ponerlos en peligro, consciente de que los aliados de Ricardo seguían rondando en las sombras.
Aunque Ricardo estaba encerrado tras los muros de la prisión, su influencia y su red criminal no h