La casa estaba en silencio, salvo por el leve sonido del viento que se filtraba entre los árboles. Aurora estaba sentada en el sofá del despacho, con Max a sus pies, mientras Alexander revisaba las cámaras de seguridad por última vez.
Los intrusos habían desaparecido, al menos por ahora, pero la tensión seguía presente en el aire, como si el peligro estuviera esperando el momento perfecto para regresar.
Aurora observó a Alexander desde su lugar. Había algo en él que la fascinaba, algo que iba