Las luces del hospital ya no se sentían frías. No eran las mismas que habían iluminado tantos momentos de angustia; ahora, brillaban con la dulzura de una nueva esperanza.
Aurora y Alexander caminaban por el pasillo tomados de la mano, rodeados del silencio sereno que precede a los grandes instantes de la vida.
—No recuerdo la última vez que estuve en un hospital sin chaleco antibalas —susurró Alexander, esbozando una sonrisa.
Aurora lo miró de reojo, divertida. —Y yo no recuerdo la última