Aurora nunca había visto el invernadero así.
La estructura de cristal detrás de la casa, olvidada por años, brillaba esa noche como si contuviera estrellas. Las luces cálidas se entrelazaban entre las enredaderas y rosales cuidados, cada rincón perfumado con lavanda, jazmín y un toque de vainilla suave. Una sola mesa redonda, vestida con lino blanco y velas, esperaba en el centro, junto a una fuente que murmuraba con delicadeza.
Aurora se detuvo en la entrada, boquiabierta.
—¿Qué es esto?