Amaneció el día en la hermosa y gran mansión Ferragamo, los Alfas cómo siempre, perfectamente vestidos en trajes hechos a medida, ya estaban trabajando en el despacho, era temprano aún, sus lunas yacían todavía en su cama, no había cosa que a los poderosos lobos los tranquilizara más que tener a su pareja en el dominio de sus habitaciones
— Papá, quiero tomarme unos días para cuando nazca mi cachorro, Cecil y yo, queremos disfrutar al bebé y que nos tenga cerca — el Alfa Angelo, estaba pidiendo