Los días pasaron y Drago junto a Adriana cuidaban de su cachorro, el bebé era enérgico solía desvelarlos mucho por la noche, el padre era quien lo arrullaba hasta que por fin durmiera, era agotador pero era su hijo, así que lo hacía movido por el gran amor que le tenía
El Alfa que un día fue alérgico a los lobeznos, ahora cuidaba de uno bastante llorón y glotón bebé, su abuelo, el Alfa Patricio, lo presumía en el despacho, hacía años que quería convertirse en abuelo y por fin ahora se le cumplía