El calendario colgado en la cocina de la cabaña marcaba el 31 de diciembre de 2071, pero nadie estaba seguro de que fuera cierto.
La nieve había caído y se había derretido tres veces. Las hojas del árbol de las historias habían cambiado de color en un ciclo que nadie recordaba. Los arbustos del jardín habían florecido y marchitado y vuelto a florecer sin respetar las estaciones. El tiempo, en el fiordo, había dejado de comportarse como debía.
—Es como si no pudiera decidir si quiere avanzar o d