La tormenta de noviembre de 2071 no fue como las otras.
No vino del mar ni de las montañas. Se formó en el centro del fiordo, donde el agua es más profunda, y creció hacia afuera como un árbol que extiende sus raíces al revés. El viento no soplaba en una dirección. Soplaba en todas, y en ninguna, y las olas chocaban entre sí sin saber hacia dónde ir.
Alma lo sintió antes de verlo. Estaba en el jardín, con las manos en la tierra, cuando el suelo comenzó a vibrar.
—Se levanta —dijo.
—¿Qué se leva