Caelus entró en la habitación, detrás suyo Balios, Deimos, Felis, Elais y por último Gerión. Austros se alejó dejándome de pie mientras las manos y piernas me temblaban y el corazón me latía deprisa por la expectación.
Gerión se acercó con el rostro serio. La puerta se cerró de golpe haciendo que mis hombros se estremecieran involuntariamente. Estaba encerrada con ellos y no tenía ninguna intención de detenerlos.
—¿Tienes miedo, muñeca? —preguntó Gerión, su voz suave pero implacable, negué con