La chica frente a mi finalmente cierra esa agenda color lila que tanto me ha molestado ver durante estos meses y me mira con el rostro satisfecho. Sonrío al ver que he logrado complacerla y me acomodo en el sillón. Doy un último trago a mi vaso de wiskey y lo pongo en la mesita que está mi derecha.
—Eso sería todo —le digo.
—Muchas gracias por eso, señora White —me dice con amabilidad.
—Puedes llamarme Bianka.
Ella asiente y se pone de pie, mientras comienza a guardar sus cosas en su mochila.
—