Lamentablemente, la llegada al pueblo no tiene nada de apacible ni de seguro. La noche cae sobre el lugar como un manto espeso, sin luces innecesarias, sin ruidos que delaten vida, como si el mundo entero hubiera decidido contener la respiración para no traicionar lo que está a punto de ocurrir. El silencio no ofrece consuelo; pesa.
La casa elegida, una construcción antigua de piedra y madera, apartada del centro del pueblo, rodeada de árboles que crujen con el viento, es un punto ciego en el m