Baja la cabeza, los besa con desesperación, uno, luego el otro, aspirando su olor, grabándolo en la memoria como si temiera que alguien se lo robara. Cada llanto, cada movimiento diminuto le confirma que son reales. Que no fue un sueño. Que sobrevivieron. Que ella sobrevivió.
Liam cae de rodillas junto a la cama, incapaz de sostenerse en pie un segundo más. Apoya la frente en el borde del colchón, los hombros sacudiéndose sin control. Llora sin vergüenza, sin orgullo, sin contención. Llora por