DÍAS DESPUÉS
La velada comienza como muchas otras que Amara ya aprendió a soportar con una sonrisa ensayada y la espalda recta, en un salón amplio, excesivamente iluminado, donde el murmullo de empresarios, abogados y figuras del mundo financiero se mezcla con el tintinear de las copas y el sonido constante de conversaciones que no dicen nada, pero que pretenden decirlo todo, y donde cada gesto está medido, cada palabra calculada y cada silencio estratégicamente colocado para no revelar más de