DÍAS DESPUÉS
La velada comienza como muchas otras que Amara ya aprendió a soportar con una sonrisa ensayada y la espalda recta, en un salón amplio, excesivamente iluminado, donde el murmullo de empresarios, abogados y figuras del mundo financiero se mezcla con el tintinear de las copas y el sonido constante de conversaciones que no dicen nada, pero que pretenden decirlo todo, y donde cada gesto está medido, cada palabra calculada y cada silencio estratégicamente colocado para no revelar más de lo necesario.
Liam llega unos minutos después que ella, observándola desde la distancia mientras saluda a conocidos y estrecha manos que ya no recuerda cuándo comenzó a detestar, porque verla allí, impecable, segura, con ese porte que combina elegancia y determinación, le provoca al mismo tiempo orgullo y una inquietud que no logra sacarse del cuerpo, una sensación que no responde a los celos comunes ni a la inseguridad, sino a una intuición más profunda, esa que se activa cuando algo no encaja