Al día siguiente, el mundo parece haberse transformado en un escenario hostil que no le concede tregua a nadie, y mucho menos a Amara, que despierta con la sensación de que todo lo que construyó durante años se está desmoronando frente a sus ojos bajo una narrativa que no controla, porque los medios de comunicación no dejan de reproducir una versión única de los hechos, repetida hasta el cansancio, donde Liam aparece como el agresor, Jean Pol como la víctima impecable y ella como la mujer atrap