Al día siguiente, el mundo parece haberse transformado en un escenario hostil que no le concede tregua a nadie, y mucho menos a Amara, que despierta con la sensación de que todo lo que construyó durante años se está desmoronando frente a sus ojos bajo una narrativa que no controla, porque los medios de comunicación no dejan de reproducir una versión única de los hechos, repetida hasta el cansancio, donde Liam aparece como el agresor, Jean Pol como la víctima impecable y ella como la mujer atrapada entre el escándalo, el poder y un matrimonio que comienza a ser cuestionado públicamente por personas que no conocen nada de su historia.
Las pantallas muestran una y otra vez las imágenes del enfrentamiento, los titulares se superponen con palabras como “violencia”, “crisis”, “escándalo empresarial”, “celos descontrolados”, y su nombre aparece asociado no a logros, no a estrategias, no a crecimiento, no a liderazgo, sino a conflictos personales, rumores y caos emocional, y eso la destruye p