Ares no pudo evitar comparar, aunque se sintió culpable por hacerlo. Alicia, la hermana de Agnes, había sido durante años su estándar de belleza: una mujer de figura esbelta, rostro angelical y modales calculados. Sin embargo, junto a Agnes comprendía lo superficial que había sido su percepción. Su esposa no tenía la delgadez de una modelo; poseía curvas reales, llenas de vida, un cuerpo que invitaba al pecado y a la adoración. Era una belleza terrenal, cálida, genuina.
Recordó cómo, antes de c