Ares permaneció abrazado al cuerpo de su esposa hasta que ambos lograron recuperar el aliento. La respiración de Agnes seguía algo entrecortada, su mejilla apoyada sobre el pecho de él, y el silencio que los envolvía tenía un extraño aire de ternura. Cuando la cordura regresó, Ares se dio cuenta de lo que acababa de ocurrir y una punzada de preocupación lo atravesó.
—Perdóname si fui brusco —dijo en voz baja, acariciando su cabello—. Olvidé que era tu primera vez. Debes estar adolorida… o al me